Pautas para controlar la agresividad en personas mayores | Temaer Asistencia

Pautas para controlar la agresividad en personas mayores

Trucos para cuidar a personas mayores agresivas

Pautas para controlar la agresividad en personas mayores

Con el paso de los años y en especial durante la etapa de la vejez, las personas manifiestan una serie de cambios y actitudes que repercuten en mayor o menor medida en su personalidad y que, por desgracia, demasiado frecuentemente se manifiestan en la aparición de síntomas relacionados con conductas agresivas.

Una de las causas más comunes que suele provocar alteraciones de este tipo es el sentimiento de inutilidad experimentado por la pérdida de capacidades o destrezas tanto mentales como físicas que se van produciendo con el paso del tiempo. Este sentimiento se debe, sobre todo, a patologías o enfermedades neurodegenerativas asociadas a la edad lo que conlleva que estas personas sean más vulnerables y sufran una pérdida bastante significativa de autonomía. Como es lógico, dicha pérdida se va acentuando poco a poco y por lo tanto, irán surgiendo dificultades para llevar a cabo las actividades de la vida diaria de forma independiente.

Además, sentimientos como la soledad, el aislamiento social o la tristeza, sin duda característicos de esta etapa de la vida, también pueden ocasionar episodios violentos o de ira que desgraciadamente afectan en especial a su entorno más cercano, es decir, a todos aquellos que conviven con el mayor como sus familiares y personas que se responsabilizan de su cuidado.

Cabe decir que este tipo de conductas se manifiestan por medio de gestos o expresiones violentas u hostiles y en forma de gritos o amenazas, en ocasiones desproporcionadas, que normalmente derivan del estado de confusión, desorientación o aturdimiento que sufre la persona dependiente.

Asimismo, otros síntomas que acompañan a este tipo de reacciones pueden ser la falta de apetito o de sueño, la apatía, el rechazo o la negación para realizar cualquier tipo de actividad diaria, etc. Además, pueden aparecer síntomas físicos como temblores, dolores o palpitaciones entre otros.

 

Algunas de las pautas más destacadas para afrontar de la mejor manera posible este tipo de situaciones son las que expondremos a continuación.

En primer lugar, una de las recomendaciones más importantes y que conviene tener presente en todo momento es que, siempre, claro está, que las capacidades de la persona lo permitan, el entorno más próximo (familiares, amigos y cuidadores), la acompañen y hagan sentir importante, involucrándola en la participación de las actividades más significativas para ella.

Nos referimos especialmente a aquellas que tengan un carácter social y que, sobre todo, sean de su interés y motivación (actividades de ocio, salidas al exterior, juegos lúdicos, estimulación cognitiva…) con el fin de que la persona se siga siento útil y esté predispuesta a ocupar su espacio de ocio y tiempo libre de forma satisfactoria frente a la soledad o el aislamiento social al que previamente hacíamos referencia. Lo anteriormente señalado implicará además un aumento de la autoestima de la persona.

Es importante también ponerse en el lugar de la persona mayor e intentar comprender la situación por la que puedan estar atravesando (preocupaciones, malestar, enfado disconformidad etc.) motivos por los cuales suelen experimentar estas reacciones agresivas. En esta misma línea y ante episodios de agitación o violencia, es necesario ofrecer muestras de cariño y afecto que puedan tranquilizarla de manera que se sienta escuchada, comprendida y acompañada en todo momento.

Al mismo tiempo se recomienda, si es posible, llevar a cabo con ella cualquier tipo de actividad que induzca a su relajación como el yoga, las técnicas de meditación, la balneoterapia, la musicoterapia, la estimulación sensorial, etc.

En esta línea no se deben propiciar situaciones o momentos que puedan generar cualquier tipo malestar o irritabilidad y que desencadenen en conductas violentas. Así pues, hay que evitar y prevenir entrar cualquier tipo de discusión o disputa que les pueda provocar el aumento de síntomas de ansiedad o agitación y con ello la aparición de conductas agresivas.

 

Lo más indicado para estos casos es no ponerse a su altura ni ejercer por nuestra parte ningún tipo actitud violenta o amenazante (ya sea física o verbal). Por el contrario, lo más recomendable es procurar mantener la calma y la tranquilidad en todo momento tratando de razonar y dialogar sobre la situación comprometida por medio de un lenguaje adecuado, es decir, utilizar un tono suave y pausado y no olvidar establecer contacto visual con la persona.

Por último, en el caso de que sea necesario no hay que dudar en pedir ayuda o recurrir a un especialista que nos proporcione una serie de directrices que ayuden a afrontar este tipo de situaciones con el objetivo de minimizar el malestar y la agresividad del anciano/a y nos ofrezca, al mismo tiempo, un mayor nivel de bienestar a todas las personas que forman parte de su vida.

Fuente: Pedagogo especializado en Tercera Edad.
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