Los problemas alimenticios en la tercera edad | Temaer Asistencia

Los problemas alimenticios en la tercera edad

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Los problemas alimenticios en la tercera edad

Durante el proceso de envejecimiento se producen una serie de cambios tanto a nivel corporal como funcional y fisiológico que van a incidir en mayor o menor medida en el bienestar y en la calidad de vida de las personas mayores.

En este sentido la alimentación desempeña un papel muy importante ya que es evidente su influencia en la calidad de vida de los ancianos/as.

Muchos de los principales problemas alimenticios que suelen producirse en la vejez guardan relación con la salud oral. Y es que todos sabemos que hay una serie de disfunciones que están claramente relacionadas con la edad como la disminución del flujo de saliva, lo que produce sequedad en la boca, o la pérdida de piezas dentales, que dificulta la masticación adecuada de los alimentos (es muy significativo que el uso de prótesis sea cada vez mayor en este colectivo de población).

Otro tipo de disfunciones que suelen ser muy comunes en relación a la alimentación en la tercera edad tienen que ver con los cambios que se producen en el aparato digestivo como la disminución de la capacidad para absorber ciertos nutrientes o la dificultad para tragar alimentos, comúnmente conocida como disfagia. Esto último ocasiona un mayor riesgo de atragantamiento.

Asimismo, algunos de los sentidos como el gusto y el olfato se ven debilitados ya que las papilas gustativas comienzan a atrofiarse lo que da como resultado que se vaya perdiendo el placer y el interés por las comidas.

En lo referente al metabolismo, es posible que se produzca una reducción de la tolerancia a la glucosa, incluso en personas que no hayan sido nunca diabéticas. Esto tiene como consecuencia una evidente disminución del gasto energético diario.

A lo anteriormente citado hay que añadir que factores como la soledad, la inactividad física, el aislamiento social y algunas alteraciones del estado del ánimo típicas de la vejez provocan también una disminución del apetito.

En este sentido y como consecuencia de los cambios asociados a la vejez, muchas personas mayores pueden llegar a sufrir una severa malnutrición que también podemos asociar a la disminución del ritmo cardiaco y de la función renal, a una mayor concentración de colesterol en la sangre y a la innegable tendencia a sufrir hipertensión lo que ocasiona que comiencen paulatinamente a dejar de ingerir determinados nutrientes que son necesarios para gozar de una buena salud.

Entre dichos nutrientes se encuentran la vitamina D, la vitamina B-12, el calcio y el fósforo, el zinc, el hierro, la fibra o el potasio lo que supone una progresiva pérdida de peso, fatiga generalizada, falta de apetito, la aparición de úlceras por presión o una mayor fragilidad a la hora de sufrir fracturas óseas. Todo ello, a su vez, puede acabar derivando en algún trastorno común de la alimentación como son la anemia, el estreñimiento o la diarrea crónica, entre otros.

Es por ello por lo que a raíz de los cambios que se producen en el organismo como consecuencia de la edad, se requiere el consumo de alimentos que contengan los nutrientes necesarios que aseguren tener una dieta sana, variada y equilibrada y reduzcan el riesgo de padecer enfermedades propias de esta etapa de la vida. Concretamente es recomendable que la dieta destinada a las personas mayores incluya la ingesta moderada de alimentos basados en los siguientes sustentos: aporte energético (calorías), proteínas, grasas, hidratos de carbono, minerales y vitaminas. No podemos olvidar, por último, la importancia de beber suficiente agua para evitar así la deshidratación y favorecer el adecuado funcionamiento de algunos órganos corporales importantes como el riñón.

Y es que una correcta alimentación es básica para disfrutar de una buena calidad de vida en todas las edades, pero especialmente en la tercera.

Fuente: Pedagogo especializado en Tercera Edad.
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