La demencia frontotemporal en las personas mayores | Temaer Asistencia

La demencia frontotemporal en las personas mayores

La demencia frontotemporal en personas mayores

La demencia frontotemporal en las personas mayores

Los profesionales que trabajamos con el colectivo de personas adultas mayores nos encontramos en ciertas ocasiones con pacientes que sufren este tipo de patología, demencia frontotemporal, que a veces es confundida con los trastornos psiquiátricos.

Concretamente se trata de uno de los tipos más frecuentes y a la vez más desconocidos de demencia entre las personas de edad avanzada y afecta principalmente al lóbulo frontal y temporal del cerebro. Las causas de su aparición pueden ser debidas a múltiples factores, aunque predominan aquellas que guardan relación con el componente genético. Ahora bien, este no tiene por qué estar necesariamente vinculado a ningún antecedente familiar.

A diferencia de otros tipos de demencia, esta tiene la peculiaridad de que se desarrolla en edades más tempranas, concretamente entre los 40 y los 75 años.

Los principales síntomas genéricos que caracterizan a este tipo de patología guardan relación, por un lado, con una serie de cambios en la personalidad del afectado que se ven reflejadas en una serie de conductas socialmente inapropiadas (desinhibición o impulsividad) y, por otro, con la aparición de ciertas carencias en el lenguaje tales como  fallos en la expresión, pérdida de fluidez verbal, dificultad para encontrar la palabra adecuada, continuos errores gramaticales y problemas para entender lo que dicen otras personas.

Como en otras enfermedades de este tipo, suelen diferenciarse tres fases por las que atraviesan las personas que padecen este síndrome: inicial, intermedia y final.

 

En la fase inicial la persona empieza a manifestar ciertos cambios en su personalidad. Por ejemplo, puede pasar en poco tiempo de estar muy activo a estar apático. Además, las dificultades en el lenguaje comienzan a manifestarse en esta etapa a través de problemas en la lectura, la escritura y el habla y, aunque se puede llegar a construir frases bien elaboradas, estas a menudo no tienen relación con el tema del que se habla. Sin embargo, cabe decir que, en esta fase, aunque el lenguaje se encuentre afectado, el resto de funciones cognitivas se encuentran todavía preservadas.

En la fase intermedia de la enfermedad los mencionados cambios en la personalidad se hacen más evidentes. A esto hay que añadir que la persona mayor comienza a darse cuenta de que sus capacidades motoras se están viendo claramente mermadas.  Durante esta etapa pueden aparecer, además, cambios en los ciclos del sueño o anhedonia, que es la perdida de iniciativa y falta de interés, y lógicamente de cualquier tipo de placer, en la realización de las actividades cotidianas.

Por último, en el estadio final el paciente pierde “definitivamente” la capacidad funcional o de movilización, sufre problemas más serios en el lenguaje como la afasia, experimenta bastantes dificultades para tragar (disfagia) y  ve aumentada su dependencia de los cuidadores. Además, en esta etapa pueden darse otras alteraciones cognitivas como una disminución considerable de la memoria y de la capacidad para mantener la atención sobre cualquier tema o actividad.

En cuanto al diagnóstico, suele ser tardío y, pese a que no existe una prueba diagnóstica específica, si se puede observar, mediante la realización de un TAC, una atrofia que afecta a las partes frontal y temporal del cerebro.

En relación al pronóstico de esta enfermedad, cabe decir que no es favorable en términos generales. Sin embargo, su evolución varía mucho entre las personas, es decir, algunas pueden llegar a sufrir una situación de total dependencia al poco tiempo de aparecer la patología y, en cambio, otras pueden tardar varios años en llegar a ese estado.

Por otro lado, cabe decir que no existe ningún tratamiento capaz de minimizar la evolución de dicha enfermedad, aunque los afectados quizás puedan notar algún tipo de mejoría a través de la ingesta de algún antidepresivo.

En definitiva, no podemos bajar la guardia ante cualquier síntoma no habitual que presenten nuestros mayores porque su tratamiento y posible superación siempre serán mucho más efectivos.

 

Fuente: Pedagogo especializado en Tercera Edad.
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